Producción y Mantenimiento

Profecía autocumplida o efecto Pigmalión

23 mayo, 2014

La mayoría de los que hemos trabajado en temas de producción tenemos una importante referencia en este campo: Henry Ford. Se le atribuye ser el primero en utilizar líneas de montaje para fabricar sus famosos automóviles Ford T negros en Detroit. Entre las muchas frases que se le atribuyen, destaca esa en la que dice que si crees que puedes o si crees que no puedes, en ambos casos tienes razón. En psicología se suele relacionar esta frase con el Efecto Pigmalión o Profecía Autocumplida.

Este fenómeno tiene lugar cuando las creencias y expectativas que otros tienen sobre mí, afectan de tal manera a mi comportamiento, que me generan una conducta que confirma que finalmente hago lo que se espera que haga.

No se trata de ningún sortilegio mágico. Ejemplos de este fenómeno se pueden encontrar en nuestra vida académica, laboral y personal. A menudo se cumple que los alumnos que mejores resultados académicos obtienen son aquellos que sus profesores pensaron que lo harían mejor. Inconscientemente, al pensar que esos alumnos van a trabajar más y mejor, les dedican más tiempo, más explicaciones, más apoyo, etc. Y al final, se cumple que son los que mejores calificaciones obtienen. Si pensamos en dirección contraria, esos profesores no dedican los mismos esfuerzos con alumnos que han sido catalogados como miembros de la categoría “poco hay que hacer con ellos”. Y finalmente, estos alumnos fracasan.

Pensemos también, por ejemplo, en el ámbito laboral. ¿Te has dado cuenta cuál es el perfil de trabajador que suele ascender y tener más éxito en el trabajo? Si observas un poco a tu alrededor, quizás te des cuenta de que se trata de esas personas que son bien vistas por su jefe y que éste cree en ellas y en su potencial. Es difícil que encontremos a alguien que asciende en su vida laboral si su jefe tiene serias dudas sobre su capacidad y habilidad para desarrollar el trabajo. Además, se produce un curioso efecto. Al percibir que nuestro jefe no confía mucho en nosotros, puede ser que acabemos teniendo dudas sobre nuestra capacidad y habilidad, y eso haga que las manifestemos menos todavía.

Parece que la confianza es una buena vitamina ya que produce un efecto positivo en todos nosotros y eso acaba manifestándose en un aumento de autoestima y de rendimiento en nuestro desempeño. Por el contrario, una importante escasez de confianza nos puede llevar incluso a la paralización.

La conclusión de los expertos parece definitiva. Las profecías tienden a cumplirse porque existe una fuerte creencia que las impulsa y actuamos de forma inconsciente provocando que las expectativas se conviertan en realidad.

Pero, ¿cuál es el origen del Efecto Pigmalión? Se cuenta que en la antigua Grecia vivió un escultor llamado Pigmalión. Parece ser que se enamoró perdidamente de una de sus obras, a la que había llamado Galatea. Llegó a tal punto ese enamoramiento que trataba a su escultura como si se tratase de una mujer real. Afrodita obró el milagro de dar vida a Galatea tras ver los sueños del enamorado. Pigmalión superó lo que esperaba de sí mismo y creyendo que la escultura estaba viva, finalmente esta llegó a estarlo.

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George Bernard Shaw escribió su obra teatral “Pigmalión”, basando parte de su argumento en la Profecía Autocumplida. En esta obra, el profesor Higgins acaba enamorándose también de su creación. En este caso, no de una escultura, sino de una florista llamada Eliza, de origen muy humilde, a la que intenta enseñar a comportarse como una dama de alta sociedad. La historia muestra como el maestro actúa convirtiendo su percepción de Eliza en su forma de instruirla y comportarse con ella, en realidad. En la gran pantalla, la adaptación de esta obra se tituló “My fair Lady” y fue protagonizada por la inolvidable Audrey Hepburn.

“Para el profesor Higgins yo seré siempre una florista porque él me trata siempre como a una florista; pero yo sé que para usted puedo ser una señora, porque usted siempre me ha tratado y me seguirá tratando como a una señora.” (Palabras de Eliza Doolittle, personaje de la obra “Pigmalión” de G.B Shaw

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