Varios

¡EUREKA! ¡Lo he descubierto!

21 diciembre, 2020
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Quizás esta historia que te resumo a continuación tampoco te resulte desconocida. En ella tenemos a dos personajes principales: Arquímedes, que fue un matemático, astrónomo y físico de la Antigua Grecia, y por otro lado, Hierón II era el tirano que gobernaba Siracusa en ese tiempo. Gracias a un historiador romano llamado Vitrubio, sabemos que Hieron II era y un tipo desconfiado y tenía la duda de que si corona estaba construida de “oro puro” o si por el contrario, “le habían engañado” y llevaba en su composición una parte de plata, mezclada con el oro. Se encargó a Arquímedes dar con la respuesta a este misterio. Vitrubio cuenta que Arquímedes estaba dándole vueltas al asunto de forma intensa y que cuando estaba relajándose en su bañera, de repente se iluminó su cara y gritó “EUREKA”, palabra de idioma griego que podemos traducir como “lo he descubierto”.

Esa revelación que tuvo Arquímedes, correctamente enunciada, se convirtió posteriormente en su famoso Principio de Arquímedes, seguramente estudiado por todos nosotros en alguna de nuestras etapas de nuestra vida académica.

Lo de menos es quizás el desarrollo de la historia. Arquímedes observó, al introducirse en su tina, que el agua se desplazaba hacia arriba. Y se le ocurrió que, si la corona era de oro puro, desplazaría menos agua que si llevaba mezclada plata, todo ello debido a la densidad de los materiales. Se cuenta que tras el descubrimiento y gritar Eureka, salió de la bañera y en su alegría por su gran descubrimiento, se le olvidó vestirse y se fue corriendo a contarlo por las calles de Siracusa totalmente desnudo.

La reflexión que podría derivarse esta anécdota es si ese momento eureka fue producto de la casualidad. Hay otros ejemplos de científicos y descubridores “casuales” mientras están llevado a cabo una actividad cotidiana. Recordemos a Newton y la manzana que le calló cuando estaba apoyado bajo la sombra de un árbol y parece que vio clara la ley de la gravedad. O a Alexander Fleming, un gran despistado a pesar de su genialidad, que se fue de vacaciones y dejo olvidados al aire libre en su laboratorio unos cultivos de bacterias con los que estaba trabajando. Al volver se encontró con las muestras llenas de moho, lo estudio al microscopio, viendo que ese moho había acabado con las bacterias, y de ahí surgió la penicilina. La casualidad, aunque provenga de un error, es crucial en ocasiones. La misma Coca-Cola surgió de los intentos de John Pemberton intentando hacer un medicamente que calmase los dolores de cabeza. Por error, uno de sus asistentes añadió agua carbonatada a la mezcla de coca y nueces de cola, surgiendo por casualidad el famoso refresco.

¿Surgen los descubrimientos fruto de la casualidad o del esfuerzo? ¿O una combinación de ambas cosas? Es casi seguro que has oído alguna vez esta frase: Si bien la inspiración existe, mejor que te encuentre trabajando”. Se atribuye a Pablo Picasso.

Wolfgang Kohler estaba estudiando grupos de chimpancés en la Alemania de 1930. Determinó que ellos también tenían momentos eureka cuando se enfrentaban a un problema puntual. Y que esos momentos de “lucidez”, tanto en humanos como en primates, eran la conclusión de un tipo de fenómeno cognitivo desconocido hasta entonces, muy relacionado con la creatividad.

Combinando estos últimos conceptos comentados. Inspiración, creatividad y trabajo, todo ello nos conduce a la perseverancia. Podemos ser creativos y que la idea no venga cuando nosotros lo estemas deseando o necesitando. La necesidad y el momento de iluminación no siempre van próximos en el tiempo. Es preciso que mecanismos que evocan nuestra creatividad se ponga en marcha y que, además, se den las condiciones ambientales y de actitud para que llegue ese éxito. En general, la gran idea surge de un trabajo duro desarrollado previamente.


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