Varios

El valor de la persona en la labor docente online

28 octubre, 2015

Alan Mathison Turing (Londres, 1912- Wilmslow, Reino Unido, 1954) es considerado una de las piezas clave en el mundo de la computación, además de contribuir decisivamente en campos como la informática teórica y la criptografía, y precursor de la Inteligencia Artificial.

En 1947 pronunció su polémica conferencia “¿Puede pensar una máquina?». Frente al dualismo imperante, Turing defendió que era posible que una máquina pudiese llegar a hacer exactamente lo mismo que hace un hombre, incluida la función de pensar.

En 1950 propuso una prueba que se conoce como el ‘test de Turing’, el cual se basa en la idea siguiente: si una persona se comunica sólo a través de un terminal con otras dos partes, que están escondidas, y no se puede discriminar a través de preguntas cuál de ambas partes es una persona y cuál es un ordenador, entonces no se puede negar que la máquina muestra la cualidad que, en las personas, se llama ‘inteligencia’.

En la enseñanza online, nos encontramos con un escenario muy parecido: un alumno que estudia a través de un campus virtual una materia que ha desarrollado un profesor. Un profesor que recibe a través de una campus virtual unos ejercicios y trabajos realizados por un alumno.

Podemos preguntarnos ¿qué hay al otro lado?

Los alumnos, ¿qué son para nosotros, los docentes, los alumnos?

Más allá de un ingreso por la matrícula y los materiales; un expediente académico que puede mejorar nuestra reputación; sabemos que un alumno contento, puede repetir con otro curso o traer a otro alumno; uno descontento, nos resta posibilidades de nuevas matrículas.

Los docentes, ¿qué somos los docentes para un alumno? Quizá puede pensar que es una máquina programada con Inteligencia Artificial que va respondiendo sus consultas, o que los test se auto-corrigen por medio de algún algoritmo fantástico…

Pero para nosotros los docentes, sobre todo y ante todo, un alumno es una persona que quiere aprender una disciplina. Un profesor enseña a personas.

En la labor del tutor docente está comprender la situación personal de cada alumno para ajustar una planificación del esfuerzo lo más real posible, que se ajuste a su ritmo de vida.

En la relación tutor-alumno se da mucha cercanía, lo que obliga al tutor a desarrollar una buena empatía.

Un tutor, es casi como un ‘’defensor’ ante el sistema de evaluación y los profesores; es al que acude el  alumno de forma espontánea cuando tiene una inquietud  o un problema. Y el tutor debe ‘ponerse en su lugar’ -empatía- para comprender mejor la situación y apoyar al alumno en su petición o exigirle su compromiso; pero no sólo el tutor, también el profesor debe entender qué es lo que no ha entendido el alumno.

En una enseñanza online todo el equipo docente debe saber que ‘al otro lado’ hay una persona. Un alumno siempre es una persona.

Y  por ser una labor educativa, el tutor comprende y exige: defiende el sistema de evaluación y a sus compañeros los profesores; y el profesor enseña y  comprueba que el alumno sabe y entiende la materia con una evaluación justa.

Porque el alumno es una persona, recibe por parte de los docentes un trato humano y respetuoso; y también se le exige un trato humano y respetuoso hacia los docentes.

El alumno debe sentir  una exigencia adecuada a su situación personal, para poder culminar con éxito la meta que se ha propuesto al matricularse en un curso que, con toda la profesionalidad de que somos capaces, impartimos.

Para un profesor, la máxima satisfacción en su labor educativa es que sus alumnos superen sus exámenes, y con buena nota. Y disfruta en su labor educativa porque un profesor nunca olvida que un alumno es una persona.

Con todos mis respetos hacia Alan Turing, una máquina llegará a razonar ‘como una persona’, pero nunca pensará de la manera que hacemos las personas, que, ,por otra parte, podemos llegar a ser imprevisibles.

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