Hay algo que se repite tanto en las empresas como en las aulas. Cada vez tenemos más herramientas: SIPOC, DMAIC, Project Charter, RACI, OEE, ERP, MES, inteligencia artificial, cuadros de mando… Y, sin embargo, disponer de muchas herramientas no significa necesariamente gestionar mejor.
El valor de una herramienta
Después de muchos años trabajando en proyectos de mejora y compartiendo estas experiencias con mis alumnos en SEAS, cada vez tengo más claro que el verdadero valor no está en conocer una herramienta, sino en saber cuándo utilizarla, para qué y qué decisión queremos tomar con ella.
Un SIPOC no sirve porque tenga cinco columnas perfectamente cumplimentadas. Sirve si nos ayuda a entender un proceso y, especialmente, qué salidas genera. Uno de los errores que más encuentro es representar únicamente las salidas correctas. Producto terminado. Pedido entregado. Perfecto. Pero ¿dónde están las mermas, los rechazos, los retrabajos, las devoluciones? Precisamente esas salidas que no queremos son las que nos señalan la oportunidad real de mejora.
El criterio necesario
En gestión de proyectos ocurre algo parecido. Podemos escribir varias páginas sobre el contexto y la estrategia y seguir sin haber definido el alcance. Un buen alcance debería responder a dos preguntas sencillas: ¿qué entra en este proyecto? ¿Y qué queda fuera? Parece evidente, pero no siempre lo hacemos.
Con las nuevas tecnologías, exactamente lo mismo. Digitalizar un proceso que no está bien definido no lo convierte en un buen proceso. Antes de implantar un sistema necesitamos entender qué procesos generan valor, cómo fluye la información y qué indicadores nos dicen si todo funciona.
No necesitamos únicamente personas capaces de calcular un Cpk o un OEE. Necesitamos personas que sepan interpretar qué significan y qué hacer después. No necesitamos cien KPI. Necesitamos los que nos ayuden a decidir. En mejora continua, las herramientas deberían aparecer como consecuencia de una necesidad detectada, no porque tengamos que buscarles un sitio.
¿Y en el aula?
Eso es lo que intento que ocurra en el aula. No quiero que un alumno termine la asignatura sabiendo dibujar un SIPOC. Quiero que sepa mirar un proceso y detectar qué salidas no deseadas debería medir. Ese es, para mí, el salto entre conocer herramientas y tener criterio profesional.
La inteligencia artificial nos permitirá decidir cada vez más rápido. Pero seguirá existiendo una pregunta previa que ninguna herramienta debería responder por nosotros: ¿Qué problema estamos intentando resolver y por qué?
Y vosotros, ¿cuál es la herramienta que más veces habéis visto rellenar sin que nadie supiera para qué servía?
Sólida experiencia en formación y acompañamiento en las áreas de Mejora de Procesos, Gestión de Proyectos y Personas. Gestión de equipos multidisciplinares. Conocimiento avanzado en tecnologías y herramientas de gestión relacionadas con las áreas de Desarrollo de Negocio y Operaciones. Profesora del área de producción en SEAS, Estudios Superiores Abiertos, centro de formación online del Grupo San Valero.




