Gestión empresarial

¿Trabajas en grupo o en equipo?

16 abril, 2013

Algo que desde hace  años he oído constantemente en diferentes trabajos en los que estuve era que debíamos trabajar en equipo. A aquellos jefes, tanto de pequeña y mediana empresa como de multinacional, se les llenaba la boca con esas palabras.

Y la sensación que teníamos tanto mis compañeros más cercanos como yo era que quién más hablaba de trabajo en equipo eran quien menos quería trabajar y más quería aprovecharse del esfuerzo del resto.

La mayoría de las veces éramos un grupo de personas que “accidentalmente” estábamos en el mismo lugar físico haciendo nuestro trabajo habitual. Nuestros responsables nos decían que éramos un equipo pero los resultados no llegaban. Imaginemos que en un salón de actos repleto de personas un ponente pide que se levanten todos los que usen gafas. Y luego pide que se levanten los que están pagando una hipoteca. Y luego pide a cada uno de estos conjuntos de personas que trabajen juntos. ¿Nos encontramos ante dos equipos de trabajo? Así nos ocurría en las empresas a las que aludía anteriormente. Trabajábamos en grupo. Acudíamos a los responsables jerárquicos en busca de instrucciones. La propia estructura jerárquica era la que intentaba protegernos del caos, sin lograrlo en la mayoría de las ocasiones. Teníamos un propósito común consistente en sacar el trabajo pero todos teníamos otros propósitos de mayor calado en nuestra mente que nos llevaban a comportarnos “a nuestra manera”. Y nuestros jefes, cuando nos reunían manifestaban la incomprensión acerca de la ausencia de resultados positivos.

Lo que en realidad nos ocurría era que nadie nos había explicado lo que debíamos hacer. Necesitábamos  tener un objetivo compartido y necesitábamos convencernos de que podíamos trabajar todos juntos para lograrlo. Necesitábamos conocer de qué forma cada uno de nosotros podíamos contribuir para ese logro. Y necesitábamos interactuar  y comunicarnos entre nosotros. El “creer” que podíamos nos podía mover interiormente a “querer hacer”  y si teníamos el “saber” y estábamos entrenados en el “saber hacer”, entonces ya podíamos “hacer”.

Parece que era sencillo pero pocas veces tuve la sensación de trabajar de esa manera, de trabajar en equipo. Un directivo eficaz ha de conocer cómo obtener el máximo rendimiento de su equipo. Muchos expertos afirman que un equipo es tanto más productivo cuanto mayor creatividad ha de haber en las soluciones  y cuando estas están más alejadas  de la capacidad de una persona trabajando en solitario. La sinergia es real y no solamente algo que aparece en los libros. Trabajando en equipo los resultados suelen ser mayores que si sumáramos los obtenidos por cada uno de sus miembros de forma individual.

El compromiso de los miembros posibilita la cohesión del equipo y cada uno asume un rol determinado. Son muy conocidos los famosos  Roles de Belbin. Este investigador estableció nueve tipos de comportamientos que puede haber en un equipo que consiga buenos resultados. Su clasificación no es definitiva ya que la misma persona puede tener tendencia hacia más de uno de esos tipos, y nuestros roles asumidos pueden variar en función de las circunstancias. Según Belbin, en un equipo de alto rendimiento tenemos al cerebro, al investigador de recursos, al coordinador, al impulsor, al monitor evaluador, al cohesionador, al implementador, al finalizador y al especialista.

Conseguir formar un buen equipo no es fácil. Se necesita tiempo y unas adecuadas dosis de liderazgo. Pero el esfuerzo merece la pena porque el rendimiento será manifiestamente más elevado, habrá mayor cohesión, y no nos detendremos ante las primeras dificultades.

Si en tu organización trabajas en equipo, mi más sincera enhorabuena. Si diriges equipos de trabajo, también te felicito. Pero si te pasa como me ocurrió a mí durante muchos años, creo que tendrías dos caminos: luchar por trabajar de verdad en equipo o cambiar el nombre y decir simplemente que trabajas en grupo.

Post publicado por: Carlos Marín

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