Producción y Mantenimiento

El fenómeno de la Vagancia Social ¿Qué hacer?

9 julio, 2014

No hay nada como acudir a sesiones formativas con expertos para poder poner nombre a cosas que hemos visto durante toda la vida en nuestras empresas.

Seguro que cualquiera de nosotros, cuando hemos dirigido un equipo, o simplemente cuando hemos formado parte de uno, hemos detectado que alguno de los miembros no se estaba esforzando en igual medida que el resto. ¿Qué efecto producía este hecho?

Desde luego, el rendimiento global de todo el equipo distaba bastante del esperado. Pero además, la existencia de esa diferencia entre el esfuerzo que realizaban unos y otros repercutía en la interacción entre ellos. La baja implicación de alguno de los miembros, además de influir en los resultados del equipo, llevaba consigo que entre ellos hubiese además menos apoyo y que las relaciones se deteriorasen.

A raíz de trabajos llevados a cabos por Sabino Ayestarán, Catedrático Emérito de Psicología Social en la UPV/EHU, tenemos un nombre para este fenómeno: vagancia social.

Cuando hablamos de que en un equipo existe vagancia social, estamos indicando que hay algún miembro del equipo que descansa en el esfuerzo del resto. Está claro que el efecto del fenómeno se hace más patente cuanto más pequeño es el equipo de trabajo.

En cualquier sistema, cuando se fosiliza un rendimiento bajo, suele haber una tendencia a que, si no se actúa de forma adecuada, a ir empeorando cada vez más. Si los responsables del equipo no toman cartas en el asunto se corre el riesgo, no solo de que ese miembro continúe actuando de esa manera, sino que si el resto del equipo ve que “no pasa nada”, esa actitud puede contagiar al resto.

Algunos líderes deciden actuar de forma radical separando a la “manzana podrida” del equipo en cuanto es detectada. ¿Adecuado? Quizás habría que valorar si realmente queremos mantener a ese trabajador en el equipo. Pudiera ser que sea una situación transitoria debida a un bache personal o profesional, por ejemplo. Muchos líderes intentarían recuperar al colaborador porque consideran que es valioso y le ayudarían a reconducir su actitud.

Las modernas teorías organizacionales proponen tener en cuenta a cada miembro de forma individual, estableciendo claramente cuáles son las responsabilidades individuales y sus responsabilidades como miembro de un equipo. Incluso algunos estudiosos ven imprescindible recompensar a cada miembro del equipo en función de su aportación al equipo, huyendo de las recompensas “a todos por igual”. ¿Planteamiento correcto?

Por casualidad he encontrado una práctica muy curiosa que llevan a cabo algunas tribus africanas, relacionada, en cierto modo, con la vagancia social.

Parece ser que en esas tribus, cuando alguien hace algo perjudicial o incorrecto, se le captura y se le lleva al centro de la aldea. Una vez allí, toda la tribu se concentra alrededor de ella y durante dos días le dicen “todas las cosas buenas” que ha hecho hasta ese momento. Estas tribus creen en el ser humano y en su buena intención y comprenden que, aunque normalmente actuamos buscando la seguridad, el amor, la paz y la felicidad, podemos cometer errores. Y esos errores, son interpretados por la comunidad como un grito de auxilio, una petición de ayuda.

La actuación de la comunidad en pleno está enfocada a la recuperación de la persona, para que re-conecte con su esencia y su misión, y para que recuerde que “es bueno”. Se escucha un grito unánime, emitido por todos ellos, dirigido a la persona rodeada: Sawabona.

Sawabona es un saludo muy usado en países del sur de África que significa algo así como “yo te respeto, te valoro y eres importante para mí”. La respuesta a este saludo es Shikoba, que se podría traducir por “entonces yo existo para ti”.

Genial, ¿verdad? Muchas veces podemos aprender de quien menos lo esperamos.

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