La ciberseguridad ha dejado de ser una preocupación exclusiva del departamento de IT para convertirse en un pilar estratégico de cualquier empresa. En una época en la cual las amenazas son cada vez más sofisticadas, el modelo de seguridad tradicional ya no es suficiente. En este contexto surge Zero Trust, un enfoque que está ganando terreno por su capacidad para proteger los activos más críticos sin depender de la confianza implícita en la red interna. ¡Te lo explicamos en este artículo de SEAS!
¿Qué es Zero Trust?
Zero Trust, o “confianza cero”, es un modelo de seguridad que se basa en una premisa muy clara: nunca se debe confiar en nadie ni en nada por defecto, esté dentro o fuera de la red corporativa. En lugar de asumir que todo lo que está dentro del perímetro de la organización es seguro, Zero Trust parte de la idea de que cualquier acceso debe ser verificado, monitorizado y limitado al mínimo necesario.
Este enfoque se adapta perfectamente a los nuevos entornos digitales: trabajadores en remoto, aplicaciones en la nube, dispositivos móviles y redes híbridas. Zero Trust no se basa en una única herramienta o producto, sino en una estrategia integral que combina autenticación, control de accesos, segmentación de red, supervisión continua y análisis de comportamiento.
El objetivo es claro: minimizar el riesgo reduciendo la superficie de ataque y controlando cada acceso como si fuera una posible amenaza.
Características del modelo Zero Trust
En cuanto a las características del modelo Zero Trust, estas son las más importantes:
- Verificación continua de identidad: no basta con iniciar sesión una vez. Zero Trust exige verificar continuamente la identidad de los usuarios y dispositivos, aplicando autenticación multifactor (MFA) y control de contexto (ubicación, hora, dispositivo, etc.).
- Acceso con privilegios mínimos: los usuarios solo pueden acceder a los recursos estrictamente necesarios para realizar su trabajo. Este principio limita el alcance de posibles ataques si las credenciales son comprometidas.
- Segmentación de red: se divide la red en segmentos más pequeños para que, si se produce una brecha de seguridad, el atacante no tenga acceso libre a todo el entorno. Así se reduce drásticamente la propagación del ataque.
- Monitorización y análisis en tiempo real: el tráfico y el comportamiento de los usuarios se supervisan de forma constante para detectar patrones anómalos. Si algo se desvía de lo habitual, se pueden activar alertas o bloquear accesos de forma automática.
- Control de acceso basado en políticas: Zero Trust establece políticas dinámicas y contextuales para autorizar cada acceso. Estas políticas se adaptan al tipo de usuario, dispositivo, localización o nivel de riesgo.
- Protección de datos en todo momento: los datos se cifran tanto en tránsito como en reposo, y se controla su uso para evitar filtraciones, incluso si el acceso inicial ha sido autorizado correctamente.
En definitiva, Zero Trust no es una moda pasajera, sino una evolución necesaria en la forma en que protegemos nuestros sistemas y datos. Implementar este modelo nos permite reforzar la seguridad en un mundo digital cada vez más complejo y expuesto. No se trata de confiar menos, sino de confiar mejor, con criterios claros, tecnología avanzada y una estrategia proactiva. En el caso de que te guste mucho el mundo de la ciberseguridad, probablemente te interese el Doble Máster en Seguridad y Aplicaciones Informáticas de SEAS. ¡Te va a encantar!
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